UTLAC 2025: la sinfonía del lago que ya suena en el mundo del trail

Por la orilla, entre cumbres y raíces, la UTLAC ha vuelto a escribir su partitura. Y esta vez, ha sonado más fuerte que nunca.

Lecco, mayo de 2025


El Lago de Como no es un escenario cualquiera. Es un personaje. Un espejo de nubes, un susurro alpino, un respiro profundo entre dos mundos: la verticalidad abrupta de los Alpes y la belleza delicada del norte de Italia. Allí, entre senderos que se enroscan como partituras sobre los montes Larianos, se celebró la quinta edición de la UTLAC —Ultra Trail del Lago di Como—, y algo quedó claro: esta carrera ya no es solo una competición. Es un fenómeno.

Este año, más de 1.400 corredores de 40 países cruzaron el umbral de la resistencia en alguna de sus cuatro distancias: 250 km, 62,5 km, 30 km y 13,5 km. Nombres locales, sí, pero también franceses, americanos, chinos, chilenos o noruegos. Porque la UTLAC ya no habla solo italiano: habla trail internacional.

Un titán de 250 kilómetros

La distancia reina, UTLAC 250, volvió a dejar cicatrices y épica.
Con un crono de 45 horas y 42 minutos, el italiano Daniele Nava fue el primero en cerrar el círculo del lago. Una victoria que fue, más que una meta, una respuesta al silencio de la montaña. Lo siguieron Fabio Devalle y Matteo Maggi, también compatriotas.

En categoría femenina, el podio tuvo nombre propio: Lisa Borzani. Con 52 horas y 45 minutos, la veterana demostró una vez más que la templanza y el sufrimiento pueden convivir en armonía. Denise Zimmermann y Valentina Michielli completaron el trío de gigantes.

Lluvia, barro y almas en movimiento

La meteorología no regaló clemencia. Lluvias persistentes empaparon las primeras jornadas, obligando a los corredores a reinventar su técnica y su ánimo. Los senderos se volvieron espejos de barro, y los cruces de ríos, escenas épicas. Pero el alma del trail se alimenta precisamente de eso: de lo imprevisible.

Mientras tanto, en puntos clave del recorrido, bases de vida y avituallamientos convertían pueblos tranquilos en centros de apoyo humano. Desde Garzeno hasta San Fedele d’Intelvi, los vecinos salían a animar, los voluntarios calentaban sopa, y los niños aprendían a mirar con ojos grandes a esos seres empapados que venían desde el bosque.

La otra cara del impacto

Porque más allá de los dorsales y los cronómetros, la UTLAC es también una historia de territorio. Cada edición mueve a miles de personas: atletas, acompañantes, prensa, staff técnico. Durante cinco días, hoteles, bares, supermercados y refugios viven una pequeña revolución.

Los municipios implicados, desde Lecco hasta Bellagio o Menaggio, reciben no solo visibilidad, sino también una inyección directa a su economía local. En palabras de Andrea Gaddi, uno de los organizadores:

“Cuando hay más de 1.400 personas recorriendo tus montes, algún desequilibrio es inevitable, pero el impacto positivo para la zona es incalculable.”

Y no solo se trata de euros o turismo. También hay una apuesta seria por la sostenibilidad. Este año, los tramos más sensibles, como el Monte Nuvolone, se han rediseñado para evitar erosiones, y se han incrementado las zonas de recogida de residuos. La carrera quiere ser no solo respetuosa, sino ejemplar.

Una sinfonía en cuatro actos

Las otras tres distancias ofrecieron también su dosis de espectáculo y emoción:

  • En los 60 kilómetros, Cristian Minoggio voló en poco más de seis horas, mientras Chiara Galbiati reinó entre las mujeres.
  • En la prueba de 30k, el podio fue para Lorenzo Beltrami y Giorgia Fascendini, en un recorrido técnico y panorámico.
  • Y en los explosivos 15k, el local Mirko Bertolini y Daiana Concilio marcaron el ritmo de un evento más popular, pero no menos intenso.

Cada distancia es una puerta de entrada diferente al mismo universo: el del esfuerzo, la comunidad y el respeto por la naturaleza.

El alma del trail también se construye en los márgenes

A veces, las historias más bellas no están en los primeros puestos. Están en los abrazos de medianoche, en las duchas improvisadas, en el olor a café de camping junto a un río. En el acompañante que espera en el kilómetro 160 con una linterna y una palabra. En ese corredor que se pierde y, al reencontrarse con el track, recupera la fe.

Porque correr es una forma de recordar que estamos vivos. Y la UTLAC, desde hace ya cinco años, lo recuerda cada mayo.

¿Y ahora?

La organización ya trabaja en la edición 2026. Con mejoras logísticas, posibles cambios en el trazado y más acuerdos institucionales. Pero lo esencial no cambiará:
El lago seguirá allí.
Las montañas seguirán llamando.
Y habrá quienes respondan.